Carrilindos

(EDIT: este post fue recomendado por Marcelo Delledonne) De mi Necochea de crianza tengo tantísimos buenos recuerdos, y de mi Necochea de crianza conozco cosas que por ahí no aparecen por otros lares de la provincia, ya que han sido de tal manera apropiados por esta ciudad que no solo su pertenencia, sino su creación pudiese ser discutida.

En fin, de esas cosas que están en un sólo lugar como parte de su paisaje.

Y en este caso pasa con los carrilindos.

Primero lo primero, este carrilindo en realidad es un carro híbrido, de cuatro ruedas de bicicletas, un volante y dos bancos con respaldo que hacen de asientos. Más vale una imagen que mil palabras.

Vayamos desglozando este aparato (recuerden, se llama carrilindo, en ningún otro lado que no sea Necochea he escuchado ese nombre) tiene ya de por sí varios problemas, el primero de ellos es que los que viajan en la parte trasera, son los encargados de hacer toda la fuerza para pedalear, frenar y dirigir al bólido, mientras que los pasajeros que se sienten en la parte delantera están sujetos con su fe y esperanza, ya que no cuentan con ningún asidero para agarrarse ante un imprevisto stop dado por alguna rama del parque que se atraviesa en las ruedas. Castigo que es dado por el hecho de no querer pedalear….

A empujar!!!

Para mí siempre hubo dos formas de utilizar estos carrilindos, la salida en familia, donde pedalean los padres o el papá y el hermano mayor, salida tranquila, despacito, con maniobras pensadas y un uso eficiente del freno (que es parecido a un freno de mano), momento con el cual el paseo se convierte en algo lindo y tranquilizador. Ola salida con amigos, entre los cuales el uso del freno se encuentra prohibido, las maniobras son bastante jugadas, la velocidad alta en especial en bajada y donde se comparten golpes y risas. En todos los casos igual el infierno llega a la hora de ir cuesta arriba, donde muchas veces hemos optado por bajar a los que van en el asiento delantero y hacerlo empujar. Nunca mejor se puede utilizar la frase “difícil cuesta arriba”.

Yo sé que existen en otros lados estos carrilindos, pero con el corazón les digo que son más necochenses que los churros “el Topo” (EDIT: cómo bien dijo mi mujer, no son necochenses estos churros, pero están hace tantos años que están en la peatonal que no sólo son parte del paisaje de la misma sino que también son parada obligada).

Una copia, desmerece al original, muchos agregados de seguridad…

Gran compañero de tardes de otoño, siempre me vana a sacar una sonrisa.

 

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