Aunque siempre ando con el kindle debajo del brazo, buscando algún lugarcito de tiempo donde leer un poco, ya sea en la espera de la salida del colegio de mis hijos, o en el interludio de alguna sala de espera, de esas que recorro bastante seguido y donde ya me conocen por el nombre de pila.
Y aunque dicho dispositivo digital rebosa de los más variados libros, alguno de ellos siquiera realmente me engancha, así que la termino con medio capítulo de media docena de ellos entre los que voy boyando día tras día.
Hasta que encuentro uno de ellos que vale la pena su lectura, y su lectura con atención.

Por una de esas causalidades llegó a mi lista este libro de una autora hasta ese momento desconocida para mi. La Sra. Aurora Venturini. Casi me caigo sentando cuando descubro de manera poco fortuita que además fue una escritora platense con alrededor de 30 libros publicados.
Claro, al venir del interior, los entramados de esta ciudad no los conozco como los residentes de toda la vida, donde descubrí que parecía que el único neonato con ella era yo, ya que era imagen imponente de La Plata que poco tiene de envidia a otras figuras reconocidas. Y habiendo publicado casi todo en editoriales chicas locales, dentro de esta misma provincia inclusive Aurora pasaba inadvertida.
Aurora Venturini nació en 1922 en La Plata (Buenos Aires, Argentina). Se graduó en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata. Fue asesora en el Instituto de Psicología y Reeducación del Menor, donde conoció a Eva Perón, de quien fue amiga íntima y con quien trabajó. En 1948 recibió de manos de Jorge Luis Borges el Premio Iniciación, por El solitario. Estudió psicología en la Universidad de París, ciudad en la que se autoexilió durante veinticinco años tras la Revolución Libertadora y donde vivió en compañía de Violette Leduc y trabó amistad con Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Eugène Ionesco y Juliette Gréco. Ha traducido y escrito trabajos críticos sobre poetas como Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, François Villon y Arthur Rimbaud.

Existen montones de entrevistas a esta autora, donde en cada una ella misma nos envuelve en sus propios relatos.
Este libro en particular se encuentra excelentemente descrito por la contratapa misma: “A ustedes, tan cultos, les sonará aquello que decía Tolstoi de que sólo las familias desgraciadas tienen historia; pues bien, la familia de esta novela, aunque no lo parezca, es una familia feliz y normal. Todos sufren algún retraso mental o físico pero, si miramos bien, eso pasa hasta en las mejores y más reales familias. Yuna, la narradora y protagonista, tiene algunos problemas con el lenguaje que resuelve consultando el diccionario. A sus hermanas y primas, con mayores desarreglos, les pasa lo que nos pasa a todos: que si nos descuidamos nos hacen daño, que si nos enamoramos nos hacen daño, que si odiamos nos hacemos daño, que si nos morimos nos olvidan, que si nos lo creemos nos estafan. Y una nos lo va contando en clave un tanto optimista: arrieritos somos y en el camino nos encontraremos, quien la hace la paga, quien bien te quiere te hará llorar, quien ríe último ríe mejor. Hay violaciones, embarazos no deseados, separaciones violentas, mortales sexos orales, asesinatos. En resumen: una novela idealista e ideal. Historia de iniciación ambientada en la década de 1940 que despliega el mundo tortuoso de una familia disfuncional de clase media baja de la ciudad de La Plata. A mitad de camino entre la autobiografía delirante y el ejercicio impúdico de la etnografía íntima, Las primas es una novela única y original, con una prosa que pone en peligro todas las convenciones del lenguaje literario.”

Sin más, no se pierdan de leerla, es cortita y se devora en una o dos tardes máximo, pero que los acompañaran por cada rincón platense, y se atragantaran con esa pena dichosa o ese dolor alegre del cual esta empapada.

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