Si hay algo que nos caracteriza culturalmente a esta amalgama de personas que vivimos en esta república, han sido las juntadas familieras de los domingos al mediodía. Algo que de a poco se está diluyendo en recuerdos de otra época, en una tradición que se va extinguiendo, donde a todos nosotros, y me incluyo, los domingos al mediodía se están convirtiendo en un momento de fiaca; y después de la vorágine semanal, simplemente se descansa.
Pero una de las cosas que más tengo guardadas en el cuore, es cuando íbamos a la casa de mis abuelos, los domingos al mediodía, a comer un rico asado. Porque como buenos gallegos, pastas los domingos no, pero si asado.
Y más allá de la comida el tema de fondo era el ritual, el juntarse entre todos, el compartir la comida.
El asado mi abuelo (el único asador permitido) lo comenzaba bien temprano en la mañana, preparando la parrilla, mientras las viejas se iban un rato a la misa de diez. Cuando llegábamos nosotros, por lo general el fuego ya estaba prendido, y ese olorcito a leña ya se sentía desde la vereda del vecino. Infaltable que mi abuelo estuviera sentado en la silla del patio, mientras mi abuela primero y luego mi madre, comenzaban a preparar las ensaladas.
De fondo surcaba el aire los motores de las carreras domingueras que gritaba desde la cocina el televisor telefunken con caja de madera. ¡Y no le fuéramos a tocar el canal!
Allí, el jefe de la casa, bah, al que se le daban todos los gustos, era a mi abuelo, era su momento de brillar de toda la semana. Su ingreso triunfante, pasando la puerta mosquitera, con la bandeja repleta de asado, vacío, chorizos, pollo y morcillas, era la apoteosis de la reunión.
¡Qué comida rica!
He tenido oportunidad de ver cómo este mismo ritual se repetía en muchas casas en muchos lugares distintos; y donde lo que variaba era la comida, del asado a las pastas, y de las pastas al asado. Sin embargo, y por una razón que supongo viene remontada desde la época del humano cazador, las carnes eran potestad del masculino cabeza de familia, mientras que las pastas eran hechas por la abuela. El suave equilibrio entre sus poderes, el fuego bruto para el hombre, el detalle de las masas para las mujeres.
Mi núcleo familiar es muy reducido en esta fecha, pero cuando tenemos oportunidad de viajar a nuestra ciudad de crianza, de ver a la familia que dejamos allá, esta tradición vuelve, e inclusive la exponenciamos a cualquier día de la semana; como queriendo recuperar todos esos domingos que perdimos en los últimos meses de lejanía …
Ah! y para terminar, le dejo esta peli que seguro hemos visto más de una vez.
