Los Sistemas Operativos y su Distribución – Parte I

La masividad en el uso de computadoras y celulares hizo que aun los mas neófitos, los recién llegados, hayan oído hablar de Windows, de Linux, de Android, IOS, etc.

El sistema operativo de una computadora surge injustamente como el primer culpable de cualquier mal que la aqueje. Que si es lento, que no es suficientemente amigable, que no soporta esta aplicación, que hay que actualizarlo. Pero… es imprescindible para poder interactuar con el hardware y ejecutar los programas.

Si queren pueden pasar por:


¿Qué es un Sistema Operativo?

Hace muchos años para definir a los Sistemas Operativos era suficiente hacerlo como un administrador de recursos de hardware y software. La interacción con el usuario no era una variable a considerar. Quienes utilizaban las computadoras eran especialistas. La elite de los albores: matemáticos, físicos, ingenieros.

Hoy cuando definimos los sistemas operativos lo hacemos desde dos miradas: como admi­nistrador de recursos y la facilidad de uso. La masividad y la ubiquidad de las TICs exigieron que los desarrolladores de los sistemas operativos dieran a la amigabilidad un rol preponderante en las nuevas versiones.

Un sistema distribuido es un conjunto de computadoras independientes que aparecen ante los usuarios como una única computadora. Las ventajas esperadas con respecto a velocidad, confiabilidad, distribución, escalabilidad y extensibilidad no podrían lograrse si no existiera una entidad que administre los recursos y garantice su disponibilidad y sincronización.

La compartición de recursos es uno de los temas clave cuando se analiza el contexto de los sistemas distribuidos.

Ante estos escenarios donde interactúan varias CPU, una de las principales cuestiones es de que forma lo hacen. Puede ser que tengan independencia e interactúen cuando lo precisen; que lo hagan mediante una red, o compartiendo memoria; que cada CPU tenga un rol definido o que entre varias lleven a cabo una tarea.

Este acoplamiento define el grado de integración.

El sistema operativo, como administrador de recursos, dará el soporte necesario de acuerdo a como se realiza esta integración.

Para soportar la heterogeneidad de recursos se desarrollan capas de software para integrarlos, que abstraen las características propias de estos recursos: redes, hardware, lenguajes de programación, e incluso, sistemas operativos.Una de esas capas de software es el middleware, sobre el cual nos referiremos en parrafos posteriores.

Podríamos incluso pensar en un sistema operativo como un software de abstracción. Por ejemplo, facilita la integración de diferentes dispositivos de almacenamiento o de comunicación. Gracias a el no necesitamos hablar de sectores de disco, o sockets. La masividad en el uso de la tecnología no hubiera sido posible sin la evolución de los sistemas operativos, ¿o es al reves?

Volvamos al concepto de pensar en un conjunto de computadoras interconectadas.

Puede ser que cada una de ellas tenga su propio sistema operativo y que puedan acceder a recursos remotos, por ejemplo, a un servidor de bases de datos.

En este esquema, cada nodo tiene autonomía en la gestión de sus recursos. Un usuario puede acceder a otro nodo y ejecutar allí un programa. Pero no hay planificación de procesos entre los distintos nodos.

Analicemos otra alternativa donde el usuario que quiere ejecutar un programa en otro nodo no tiene que conectarse a ese nodo, o no debe indicar donde se ubica un recurso remoto, porque existe un nivel de transparencia que permite acceder a lo remoto casi como si fuera local.

Estas dos posibilidades son lo que se llama Sistemas operativos en red y sistemas operativos distribuidos.

El sistema operativo distribuido controla todos los nodos y puede enviar a ejecutar un pro­grama en cualquier nodo de acuerdo a una política de planificación.


Hitos en la Historia de los Sistemas Operativos

Cuando se describe la evolución de los sistemas operativos, es ineludible hablar de los mainframes. En la saga de libros de Sistemas Operativos de Avi Silberschatz, Peter Baer Gal­vin y Greg Gagne, se utilizan los dinosaurios para representar la etapa de la informática donde los mainframes eran los reyes de la comunidad. Enormes, pesados, lentos pero sumamente seguros en su esquema fuertemente centralizado, aunaban software de base, ambientes de desarrollo y bases de datos del mismo proveedor, garantizando un cliente cautivo, obligado a adaptarse a cambios de versiones y consecuentes migraciones. La empresa proveedora tenia una fuerte injerencia en las decisiones tecnológicas de la organización para garantizar el servicio y la integración. El proveedor marcaba las tendencias.

Los modelos como los 360, 370, 390 de IBM, con sus sistemas operativos VM, VSE, MVS, Z/OS, o los provistos por Burroughs, Unisys u otros, o renovados soportando Linux, como Li­nux para Zseries en nuestros días. Mantienen sus adeptos entusiasmados por la posibilidad de procesamiento de transacciones a gran escala, el soporte de miles de usuarios y aplicaciones, el acceso simultaneo a los recursos, gran capacidad de almacenamiento, comunicaciones mediante gran ancho de banda. Y en forma muy destacada: seguridad, robustez.

A mediados de los 90, en el mercado argentino irrumpen los sistemas abiertos, como amenazante alternativa al monopolio de los mainframes.

El atributo de abierto surge de la posibilidad de combinar interoperabilidad, portabilidad y uso de computadoras de diferentes proveedores. Para ello se especifican interfaces, servicios y formatos.

Este nuevo contexto influyó en un cambio de capacidades y habilidades en el personal de administración de sistemas o soporte técnico. La integración de sistemas operativos, bases de datos, administración de redes y lenguajes revoluciono las hasta el momento bastante pasivas áreas de soporte, que solo conocían los productos de un solo proveedor, que ademas, definía el presente y el futuro de la infraestructura de la organización.

Esta etapa fue la que, sin intención, comenzó a preparar a los profesionales de TI en la re­volución del software libre que la sucedió. Integración. Interoperabilidad. Colaboración.

El sistema operativo Unix deja de ser un producto para universidades y las grandes marcas revolucionan el mercado con AIX-IBM, HP-UX. La terminología que se utilizaba evidenciaba a que bando se pertenecía: los de IBM ipeleaban (argentinismo que proviene de ejecutar el IPL, Initial Program Loader) y la gente de Unix, booteaba (argentinismo por ejecutar el proceso boot, de arranque).

En el próximo post comenzaremos con cliente-servidor.

Arrivederci!!

2 pensamientos en “Los Sistemas Operativos y su Distribución – Parte I”

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