Desde que era muy chico a mis padres les gustaba ir a la playa de la escollera sur. Resguardados contra las rocas, sacando cangrejos rojos, pescando algún que otro lenguado o cazón, o simplemente disfrutando de la playa, el sol y el mar; nos pasábamos tardes completas.
Nada era más aventurero que trepar esquivando los pequeños espejos de agua que asomaban cual latidos, subiendo y caminando temerariamente hasta la punta de la escollera para sentir las finas gotas de mar que emergían al golpear las olas embravecidas contra esos perfiles afilados.
O descubrir que los lobos marinos se acercaban con su pecho imponente al sol.
Y ni hablar del momento en que hacía su ingreso triunfal algún barco a puerto, las corridas para ir a verlo en su lento empuje por la bahía de ingreso, quien con la ayuda de los fuertes remolcadores, girar y llevarlo a “estacionar”.
Si miró para atrás, algo de magia se escondía en todo eso.
Siguiendo la avenida costanera en dirección al río, se llega hasta la escollera Sur. Se puede llegar caminando hasta su extremo y allí observar la desembocadura del río Quequén Grande en el Mar Argentino.
En la Escollera se pueden ver las fuertes olas golpear contra el hormigón de la misma, produciendo un panorama fascinante.
Además, se puede ver la entrada de barcos de carga, que ingresan en busca de materias primas, o de lanchas amarillas desembarcando su pesca diaria. La escollera, históricamente elegida por pescadores en ambas márgenes debido al excelente ‘pique’ que tiene, también lo es en sus caras externas por bodyboarders y surfistas para la práctica de estos deportes náuticos.
Esta escollera, mediante un empréstito otorgado por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, fue ampliada unos 300 metros entre los años 2004 y 2007, lo que permitió la profundización del canal de acceso al puerto, siendo inagurada en febrero de 2008.
Un expresivo mural que ilustra las actividades portuarias llena de colores intensos la Escollera Sur del puerto que comparten Necochea y Quequén. La obra “Reflejos”, creada por la artista plástica Jacqueline Abraham (oriunda de Berazategui, en el sur del conurbano bonaerense) y estudiantes de la Escuela Municipal de Artes, se extiende 180 metros y tiene más de 5 metros de altura. Esta vistosa galería de arte a cielo abierto se transformó en una de las principales atracciones para los vecinos y los turistas durante este verano.

Una multitud de lobos marinos recostados sobre una playa de arena sorprende a los visitantes que se disponen a matear, pescar o esperar el deslumbrante espectáculo de la caída del sol no bien inician el paseo a pie, rumbo a las balizas y el mural de la Escollera Sur. Se trata de ejemplares machos de hasta 350 kilos de peso, que llegan a esta zona desde Mar del Plata y la Patagonia para madurar y prepararse para competir por el acceso a las hembras. Además de la vista en primer plano que ofrece la orilla necochense, en el extremo del muelle opuesto, del lado de Quequén, una pasarela de madera regala una magnífica vista panorámica de la colonia de lobos marinos, intercalados con las gigantescas siluetas de los buques de carga.

Lugar muy codiciado entre los surfers, ya que las izquierdas que saben armarse en toda época del año son de las mejores que podemos encontrar en Argentina. Y lo mejor, es que en la playa de Quequén, se repite el mismo fenómeno pero con olas un poco menos agresivas pero más largas.
Me dieron ganas, me agarro el medio mundo y me voy para allá. (Les dejó galería de fotos)

























