Cuando me Llegó la MegaDrive – Gracias VideoCenter

En la primer etapa de mi adolescencia, en esos años de puberto, realmente había pocas cosas que me entusiasmaran mucho. Pero sin embargo los videojuegos eran una de esas cosas que me fascinaban.

El primer arcade que vi (no pude jugarlo, porque bueno, no tenía ni media moneda) fue el Arkanoid en el club Huracán, en el pasillo para ir a las canchas de Paddle. Cuatro máquinas dispuestas en cruz para que los jugadores transeúntes dispusieran un par de minutos en ellas.

El día que las vi sólo funcionaba una, el Arkanoid, monopolizada por un joven de unos 20 años que a mis ojos era El Rey del Arkanoid, ya que lo habré visto unos diez minutos en los cuales no se le cayó la maldita bolita…

De ahí en más (yo tendría unos 7/8 años) brotaron a mi alrededor los videojuegos, un compañero de escuela, Jeremías, tenía una Atari; la mamá de Emilio tenía una pc, por lo que Emilio tenía el Maniac Mansion, el tío de los vecinos, cuando venía de vacaciones se traía la Commodore 64 con parva de juegos… Y así un laaargo etcetera.

Y de repente, mis viejos habían hecho un gran esfuerzo y en casa apareció un Family Game Computer, con el cual disfruté muchísimo, pero al cual luego de unos años vendí (por 70 pesos) para ahorrar y poder comprarme la nueva consola de 16 bits que estaba saliendo en todos los anuncios de las revistas de videojuegos. La japonesa Megadrive.

Y donde la podría comprar si no era en Videocenter, atendido por Daniel de VideoCenter (que luego se separaría de dicho lugar y se convertiría en Daniel de StyloVideos).

Así que para el año 1992 o 1993, ya con la plata, hice mi inversión para comprarla. Lo cual se hacía por encargue, ya que se traían  de afuera, y llegaban a Necochea en cómodas tandas de a seis.

Fueron como 15 días en ir casi diariamente al local a consultar si ya había llegado, hasta que finalmente estaba sobre el mostrador… Una caja igualita a esta.

La alegría que tenía me duró un par de minutos porque me explicaron que para poder enchufar la consola a la corriente se necesitaba de un transformador de 220 a 110, que ellos no vendía y que podía ir a buscar a una tienda de electrónica cercana. Ya sin plata, pero gracias al apoyo de mis padres y 50 pesos se compró dicho adaptador, que combinado al transformador propio de la Mega, haría al día de hoy hasta enrojecer al ladrillo de fuente de la Xbox One original.

Nuevamente mi globo alegre fue destruido apenas elevarse un par de metros por una paloma vengadora, ya que no podía usar la consola en la tele de la familia si no compraba un adaptador de S-Video a Coaxil … Por lo menos este sí lo vendían y no era muy caro, me parece que no superaban los 9 pesos.

Aclaro que los valores eran de la época del 1 a 1, por lo que 350 pesos eran 350 dólares, al cambio de hoy algo así como 10500 pesos!!!

Y ahora que lo pienso… La caja era la de la MegaDrive que venía con el Sonic, pero Daniel en ese momento me dijo que venía sin juegos y que él regalaba uno de los que tenía (que era uno de naves muy muy muy pedorro)… O sea, me garcó el Sonic!!!!. 

¡Cuando vaya para Necochea le voy a decir!

Finalmente llegamos a casa con la mega, la desempaque despacio, la conecté a un más despacio y luego fue soñar un rato. Y aún la tengo, juntando polvo porque tiene desoldao donde van los cartuchos, y se la extraña …

 

 

 

 

 

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